Los Cuentos de Metal / Antares Cervantes
La música siempre ha sido un espejo de la inconformidad. Un ejemplo es Club Finger, banda estadounidense de rock alternativo e industrial, cuya canción «Do What I Say» («Haz lo que yo diga»), publicada en 1995 dentro del álbum Club Finger, plantea una crítica a la obediencia ciega y a quienes buscan ejercer control sobre los demás.
Sin reproducir literalmente su letra, el mensaje central gira en torno a una figura de autoridad que exige sumisión absoluta. La frase que da nombre a la canción, «Haz lo que yo diga», se convierte en una metáfora de cualquier sistema donde el poder pretende imponer decisiones sin espacio para el cuestionamiento. Musicalmente, el tema mezcla guitarras pesadas, ritmos industriales y una interpretación agresiva que refuerza esa sensación de presión y dominio.
Aunque fue escrita hace tres décadas, su mensaje sigue siendo vigente. En muchos países, la relación entre gobernantes y ciudadanos suele percibirse como un monólogo: se anuncian políticas, reformas o decisiones esperando que la población simplemente las acate. No importa el color del partido ni la ideología; con frecuencia el ciudadano termina escuchando el mismo mensaje implícito: «haz lo que yo diga».
La democracia, sin embargo, debería funcionar exactamente al revés. Los gobiernos existen porque la ciudadanía les delega temporalmente el poder mediante el voto. Los servidores públicos no son dueños del Estado; son administradores de una responsabilidad que les fue conferida por la sociedad. Cuando esa relación se invierte y la autoridad olvida que debe rendir cuentas, la crítica, el periodismo, la participación ciudadana e incluso la música adquieren un papel fundamental como recordatorio de quién es el verdadero soberano.
Quizá por eso canciones como «Do What I Say» siguen encontrando eco. Más allá de su potencia musical, invitan a reflexionar sobre los límites de la obediencia y el valor de cuestionar al poder cuando éste deja de escuchar.
La esperanza es que algún día esa frase deje de describir la relación entre gobernantes y gobernados. Que la democracia alcance su sentido pleno y que sean los ciudadanos, mediante instituciones sólidas, participación y rendición de cuentas, quienes recuerden a sus representantes que el mandato siempre proviene del pueblo, y que gobernar significa escuchar antes que ordenar.
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