Paco Hernández / Reportero de Guardia

Cuando me enteré -horas antes de que se hiciera pública-, sobre la denuncia que interpondría el grupo de “los pesos pesados” de Morena, en Hidalgo, contra la senadora priista Alma Carolina Viggiano Austria, por presunto enriquecimiento ilícito, lo primero que me vino a la mente fue: “Otro caso más a reflectores”

Y no porque no crea yo que se le puede cuadrar ese y otros delitos, sino porque, en esos niveles -el de senadores-, las denuncias terminan siendo un show mediático; es decir, un espectáculo de dimes y diretes entre ambas partes, a través de los medios de comunicación.

Basta recordar dos casos, que incluso son de dominio nacional, para entender que, con el tiempo, los asuntos, o denuncias, terminan diluyéndose hasta perderse.

Ahí está la casa -o finca- que compró Gerardo Fernández Noroña en Tepoztlán, Morelos, en un área que supuestamente era prohibida, con dinero que quién sabe de dónde salió; o bien, las órdenes de aprehensión que existían en contra del senador veracruzano Miguel Ángel Yunes, por delitos más graves, las cuales terminó negociando a cambio de un voto para la aprobación de la Reforma al Poder Judicial.

Dos casos que, supuestamente, eran más graves, y de los cuales, ya casi nadie habla.

Ante ello, cualquier ciudadano justificaría que, en el caso de la senadora Carolina Viggiano Austria, élla no pertenece a Morena, o al sistema de Gobierno en turno, y por eso sí procederá y sí podrían meterla a la cárcel.

El beneficio de la duda se concede, y hasta un libro se podría escribir, porque en el estado de Hidalgo, y a nivel nacional, no hay antecedente de que algún senador haya terminado en la cárcel, y menos por el delito de enriquecimiento ilícito que, más que un delito, parece que ya es una práctica común, para desgracia de los mexicanos.

Lo creería yo si se tratara de un presidente municipal, o hasta de un diputado local, porque sería el reflejo de su novatez, o hasta de su ambición. Pero no es así.

En sentido figurado, la senadora hidalguense ya tiene el cuero muy, muy curtido, y está muy, pero muy caminada, como para descuidarse y terminar en la cárcel, después de una carrera política de casi 40 años.

Y aunque, estratégicamente, Morena puso al frente al grupo de “los pesos pesados”, para que interpusieran la demanda ante la Fiscalía General de la República (FGR) y la queja ante el Sistema de Administración Tributaria (SAT), la mayoría de ellos, no llevan ni la mitad del camino andado por la priista.

La senadora lo sabe, y no porque le esté ocurriendo a ella, sino porque lo está viviendo muy de cerca, en los zapatos de su dirigente y camarada nacional, Alejandro “Alito” Moreno Cárdenas, a quien se le atribuye el desvío de recursos públicos, no de decenas, sino de cientos de millones de pesos.

¿Y ha pasado algo?, no. Lo amenazan y amenazan que lo van a meter a la cárcel por haber robado, presuntamente, cientos de millones cuando era gobernador, y hasta la fecha no ha pasado nada.

Los senadores Simey Olvera y Cuauhtémoc Ochoa, y los diputados federales Ricardo Crespo, Mirna Rubio, Daniel Andrade, Alma de la Vega, Viridiana Cornejo y Tatiana Ángeles deben concentrarse, mejor, en entregar buenas cuentas para poder alcanzar sus objetivos, porque los años que vienen, el 2027 y el 2028, serán decisivos en su futuro político.

Este asunto, por el cual fueron convocados por el líder de su partido en Hidalgo, Marco Antonio Rico Mercado, es pasajero, y dejará de ocupar las primeras planas de los diarios, y de los portales informativos, en poco tiempo.

Eso lo saben quienes entienden de política, y en política, el show mediático es pan de todos los días.

Por CódigoH

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