El impacto del cambio climático en los glaciares está alcanzando niveles alarmantes, con los últimos seis años mostrando un retroceso sin precedentes. Según informes de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Servicio Mundial de Vigilancia de los Glaciares (WGMS), entre 2022 y 2024 se produjo la mayor pérdida trienal de masa glaciar registrada hasta ahora.

Los glaciares cubren una vasta extensión de 700,000 km² en todo el planeta y junto con los mantos de hielo, almacenan cerca del 70 % de los recursos mundiales de agua dulce. Su desaparición progresiva pone en riesgo el suministro de agua de millones de personas que dependen de su descongelamiento durante las épocas más cálidas del año.

Desde 1975, se han perdido más de 9 billones de toneladas de hielo en todo el mundo, lo cual equivale a un bloque de hielo del tamaño de Alemania con un grosor de 25 metros, según el profesor Michael Zemp, director del WGMS. Este fenómeno afecta principalmente a regiones como Escandinavia, Svalbard y el norte de Asia, donde se ha registrado la mayor pérdida anual de masa glaciar en la historia.

El estudio «Glacier Mass Balance Intercomparison Exercise» (GlaMBIE), publicado en la revista Nature en 2025, revela que entre 2000 y 2023, los glaciares perdieron un 5 % del hielo restante, lo que contribuyó a una subida global del nivel del mar de 18 mm. Cada milímetro de aumento expone a entre 200,000 y 300,000 personas adicionales a inundaciones anuales.

A este ritmo, se estima que muchos glaciares en Canadá, Estados Unidos, Europa Central, Escandinavia y otras regiones desaparecerán completamente antes de que termine el siglo XXI. La Asamblea General de las Naciones Unidas ha declarado el 2025 como el Año Internacional de la Conservación de los Glaciares y el 21 de marzo como el Día Mundial de los Glaciares, con el fin de generar conciencia sobre esta crisis urgente.

El deshielo de los glaciares es el segundo mayor contribuyente al aumento del nivel del mar, después del calentamiento de los océanos. La humanidad enfrenta un desafío sin precedentes que exige acciones inmediatas para frenar el cambio climático y proteger el futuro de nuestras fuentes de agua dulce.